"El mejor fuego no es
el que se enciende rápidamente"
El poblamiento del territorio argentino
En la historia del poblamiento del actual territorio argentino, dos procesos cambiaron de manera notable la conformación de la población: la colonización española, en la segunda mitad del siglo XVI, y las inmigraciones masivas, que comenzaron en la década de 1850. Los pueblos originarios Los primeros pobladores del actual territorio argentino fueron los pueblos indígenas. Los primeros habitantes eran cazadores y recolectores nómades. Miles de años después, predominaron los grupos sedentarios, que practicaban la agricultura y el pastoreo de animales. Los pueblos que alcanzaron el mayor grado de desarrollo habitaron en el noroeste del actual territorio argentino: los diaguitas, los omaguacas, los calchaquíes, los atacamas, los chiriguanos y los quilmes. Algunos de estos pueblos fueron conquistados por los incas. En las actuales provincias de Córdoba y San Luis, vivieron los comechingones y los sanavirones. En la región de Cuyo, habitaron los huarpes y los pehuenches. En el Chaco, se localizaban los guaycurúes, los tobas, los mocovíes, los abipones, los pilagá, los wichí, los chané, los mbyá y los payaguá. En el Litoral, vivieron los guaraníes, los charrúas y los caingang. En la región pampeana, predominaron los querandíes y, en la Patagonia, los tehuelches y los mapuches o araucanos. En Tierra del Fuego, habitaron los selk’nam y los yámanas.
La colonización española En la segunda mitad del siglo XVI, en el marco de la conquista de América, los españoles iniciaron el proceso de colonización y poblamiento del actual territorio argentino. Las expediciones colonizadoras –conocidas como corrientes colonizadoras– partieron desde España, el Perú y Chile. Desde España, Pedro de Mendoza fundó Buenos Aires en 1536. Cuando la ciudad fue despoblada, sus habitantes se trasladaron a Asunción. Posteriormente, desde Asunción se fundaron las ciudades de Santa Fe, nuevamente Buenos Aires y Corrientes. Desde el Perú se fundaron las ciudades de Santiago del Estero, Catamarca, Tucumán, Córdoba, Salta y La Rioja; desde Chile, las ciudades de Mendoza, San Juan y San Luis. El poblamiento español fue lento y estuvo marcado por los enfrentamientos con la población indígena. En la época colonial, se inició un proceso de aculturación y mestizaje. La cantidad de habitantes indígenas disminuyó progresivamente y se conformó una población étnicamente diferenciada, en la que existía una jerarquía social dominada por la llamada población blanca, que estaba compuesta por los españoles y los criollos, es decir, los hijos de los españoles que habían nacido en América. En una posición social intermedia, se encontraban los mestizos, los mulatos y los zambos. En los niveles más bajos de la jerarquía social, se ubicaban los indígenas –que estaban obligados a trabajar para los conquistadores– y la denominada población negra, compuesta por las personas que habían sido traídas desde África por la fuerza y que eran esclavos de los colonizadores. Las inmigraciones masivas En la década de 1850, la población de nuestro país ascendía a 1 300 000 habitantes, aproximadamente. Durante la segunda mitad del siglo XIX, el proceso de poblamiento de la Argentina recibió el impulso de las inmigraciones masivas: alrededor de 4 700 000 inmigrantes europeos arribaron a nuestro país antes de la Primera Guerra Mundial. En 1914, el 30% de los habitantes de la Argentina había nacido en el extranjero, en particular, en Europa. En 1930, la llegada de inmigrantes se detuvo como consecuencia de la crisis económica mundial. El flujo migratorio europeo se reinició una vez que finalizó la Segunda Guerra Mundial. En el período comprendido entre 1947 y 1954, se produjo el último flujo masivo de inmigrantes europeos a nuestro país. En la segunda mitad del siglo XX, la procedencia de los inmigrantes de la Argentina cambió: los flujos inmigratorios más importantes provienen de los países limítrofes. Históricamente, las inmigraciones han sido un factor importante en la evolución demográ- fica argentina, pues aumentaron el número de habitantes y modificaron la composición de la población. Además, aportaron pautas de comportamiento propias de los países de origen de los inmigrantes.
El estudio de la población La población de un país está compuesta por todas las personas que habitan en su territorio. En el marco de las ciencias sociales, se realizan estudios de población, también llamados demográficos, que consisten en describir y analizar determinadas características de la población, con el objetivo de relacionarlas con sus aspectos sociales, económicos, políticos y culturales. Las principales características de la población de un país son su tamaño –o volumen poblacional–, su composición por sexo y edad, y su distribución espacial. Estos tres elementos definen la dinámica demográfica de una sociedad. Esta dinámica está determinada por los comportamientos de los individuos y las familias, principalmente, los vinculados a la nupcialidad, la fecundidad, la mortalidad y las migraciones (internas e internacionales). Estos comportamientos involucran algunos de los derechos humanos fundamentales; por ejemplo, la libertad de casarse, tener hijos o desplazarse libremente dentro del país y hacia otros países. Las posibilidades de ejercer estos derechos efectivamente dependen, en gran medida, de las condiciones sociales, económicas, políticas y culturales de una población en un momento histórico determinado. Los censos de población Con el objetivo de conocer el tamaño de la población de un país, se realizan censos de población, es decir, recuentos de todas las personas que viven en su territorio en un momento determinado. Los censos de población son universales, pues recogen información de todas las personas que habitan en el país. Asimismo, son obligatorios, porque todas las personas deben responder las preguntas de los censistas. En teoría, los censos deben realizarse con intervalos regulares –por lo general, cada diez años– y, preferentemente, en los años terminados en cero. Este requisito se relaciona con el objetivo de los censos, que es contar con una serie histórica de datos, y comparar la información obtenida con la de otros países. En la Argentina, se han realizado nueve censos nacionales de población. El primero se realizó en 1869, y el último, en 2001. El censo de 2001 fue un censo de población, hogares y viviendas, porque en esa oportunidad, el recuento consideró a los habitantes en forma individual –recuento de todas las personas del país–, y también relevó información sobre la organización familiar y el hábitat de la población. Según este censo, la población de nuestro país era de 36 260 130 habitantes.
La información de los censos Los censos proveen información sobre el estado de la población en un momento determinado –la fecha en la que se realiza el censo–, que indica la cantidad de habitantes, la composición por sexo y edad de la población, y su distribución espacial. Estos datos también describen otras características de la población, como las educativas, las económicas o las habitacionales; por ejemplo, cuántas personas asisten a establecimientos educativos, cuántas tienen cobertura médica, cuántas trabajan, y en qué tipo de ocupación lo hacen. Los datos obtenidos mediante los censos de población –o datos censales– se utilizan para estimar la población del país en el futuro hasta la fecha en que se realice el censo siguiente. Para ello, se realizan proyecciones de población; se calculan los cambios del tamaño de la población, según la evolución de la fecundidad, la mortalidad y las migraciones, datos que surgen de los censos y las estadísticas vitales. La información censal se analiza con el objetivo de establecer las necesidades presentes y futuras de la población, en materia de vivienda, educación, empleo y atención de la salud, entre otras. Sobre la base de la información censal, los gobiernos pueden definir los planes económicos y sociales que aplicarán en el futuro. Asimismo, los datos censales se utilizan para determinar la cantidad de representantes en la Cámara de Diputados del Congreso de la Nación que le corresponde a cada una de las provincias y a la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Según la Constitución nacional, la cantidad de diputados por jurisdicción se calcula en función del total de habitantes de cada una de ellas. Otras fuentes de información demográfica Existen otras fuentes de información sobre la población de un país: las encuestas y los sistemas de registro continuo –las estadísticas vitales y las migratorias–. Las encuestas, a diferencia de los censos, no tienen carácter universal, porque no recaban información del total de la población del país. Relevan información de una parte de la población –denominada muestra–, que es representativa del total de la población que se desea estudiar; por ejemplo, el INDEC realiza la Encuesta Permanente de Hogares (EPH), cuyo objeto de análisis es la población urbana. Los sistemas de registro continuo incorporan los datos demográficos día a día. Esto los diferencia de los censos y de las encuestas, que obtienen la información únicamente en las fechas en las que se realizan los levantamientos de datos. Las estadísticas vitales y las migratorias son sistemas de registro continuo. Las estadísticas vitales informan la cantidad de nacimientos, defunciones, matrimonios y divorcios. Las estadísticas migratorias miden los flujos de entrada y salida de personas de un país.
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